Hernán Herrera y Daniel Brown son dos empresarios chilenos con intereses en los sectores tecnológico, inmobiliario y educacional. Complementan sus currículos con varios libros sobre management, y su actividad como formadores y reconocidos conferenciantes. Juntos fundaron el Instituto para el Desarrollo Emprendedor, a través del cual han fomentado la creación de nuevos negocios en Chile, Brasil, Argentina y México. Estos dos expertos en gestión son autores de La Guía del Emprendedor y Re-invéntate, dos éxitos editoriales publicados en España, EEUU y Latinoamérica por el sello Urano. Los dos creadores de un portal .com para emprededores en el que se ofrece formación gratuita a distancia a más de 100.000 personas que buscan desarrollar sus competencias laborales o empresariales, comparten con entrevistadores de la escuela de negocios Wharton para DrNegocios su experiencia trabajando con emprendedores de Latinoamérica.
UK@W.: En Latinoamérica, ¿qué países son especialmente activos en la creación de empresas?
Hernán Herrera/Daniel Brown: No podemos decir que determinado pueblo es más o menos emprendedor que otro. De hecho, creemos que el espíritu emprendedor es esencial al ser humano y que, al igual que las semillas, su desarrollo dependerá básicamente de las características del terreno. En ese contexto, es muy interesante la pregunta, pues tiene que ver con las condiciones que entrega cada país para que su gente asuma una actitud emprendedora y tenga las habilidades y conocimientos necesarios para lograr sus objetivos.
Destaca, en primer lugar, Brasil, que posee, a nuestro juicio, el sistema de redes públicas y privadas de impulso a las nuevas empresas más poderoso de Latinoamérica. Un dato casi anecdótico, pero que sirve para visualizar lo anterior: existen más de 20 revistas de gran tirada especializadas en nuevos negocios.
Chile, que aun cuando no exhibe el dinamismo de los años 90, ha aprendido la lección de dar mayor protección a los negocios emergentes. La presidenta Bachelet creó un paquete de medidas orientado al llamado re-emprendimiento, que entrega las condiciones para que aquellos emprendedores que se vieron afectados por algún tipo de crisis vuelvan a intentar retomar el vuelo. Esto es particularmente interesante, puesto que un emprendedor que se atrevió y fracasó tiene un alto porcentaje de probabilidades de éxito en un segundo o tercer intento, gracias a la experiencia ganada. De hecho, Tom Peters en su libro Re-imagina dice que los fracasos son un capital que no se puede tirar por la borda.
En México, la mayor actividad emprendedora se puede sentir en el interior de las universidades, más que en el ciudadano corriente. Una gran cantidad de carreras, incluso aquellas humanistas y tradicionales como Derecho, tienen cátedras de emprendimiento. Tal vez uno de los casos más destacables sea el del Tecnológico de Monterrey, una de las universidades más importantes del continente, que ha realizado grandes inversiones para crear incubadoras para sus alumnos y para que todos sus programas de estudio se impregnen del espíritu emprendedor.
Pecaríamos en no aclarar que éstos son los casos que nos parecen más notables en este momento, pues creemos que en toda Latinoamérica se está produciendo una fuerte oleada para el desarrollo del emprendimiento y, extrañamente, destacan, a veces, los pocos países que se quedan atrás en este tema por razones de política profunda, como son los casos de Cuba, Venezuela y, en parte, Bolivia.
UK@W.: ¿Cuáles son las principales dificultades que se encuentra un emprendedor a la hora de poner en marcha un negocio?
H.H./D.B.: No creemos que las grandes dificultades se encuentren en la falta de capital, poco apoyo gubernamental o cosas por el estilo. Un verdadero emprendedor entiende que los límites y dificultades a su capacidad de creación están justamente donde él mismo los ha puesto.
La capacidad de emprender, generalmente, está asociado a un espíritu romántico y apasionado, sanamente ambicioso e innovador, lo cual es bastante acertado. Sin embargo, creemos que eso mismo es lo que juega en contra y, paradójicamente, pone las mayores dificultades a la hora de concretar las ideas.
El efecto son las dificultades y barreras que el emprendedor siente que tiene en su camino, la causa es la poca preparación, conocimiento y desarrollo de habilidades. Como decimos frecuentemente, se habla mucho de “Vamos que se puede”, pero más importante es el “Cómo se puede”.
Usted puede tener muchas ganas nadar en el mar, pero si no sabe nadar y se mete al agua, pueden pasar dos cosas: o su instinto lo saca adelante con muchas dificultades o, sencillamente, se ahoga. Por las estadísticas, sabemos que la segunda opción es la más frecuente, no sólo entre los bañistas imprudentes, sino también, lamentablemente, en el mundo de los negocios.
No por nada las cifras dicen que más de 85% de las nuevas empresas cierra antes de un año, cosa que nos parece impresentable si queremos generar una cultura emprendedora ¿Cómo solucionar lo anterior? Generando programas educativos simples y continuos, junto con la opción de que los emprendedores posean negocios “llave en mano” durante algún tiempo, lo que les permite tener experiencia real para escalar otros proyectos.
UK@W.: ¿En qué regiones se encuentran más obstáculos (y de qué tipo) para crear un negocio?
H.H./D.B.: Cuba, Venezuela y Bolivia, a los que nos hemos referido en la primera pregunta. Básicamente es por razones políticas.
K@W.: ¿Qué pasos tiene que dar un emprendedor desde que tiene una idea hasta que consigue ponerla en práctica? ¿Algún truco para acelerar los trámites?
H.H./D.B.: El primer paso es demostrar en la práctica que la idea es viable. Eso quiere decir que hay que crear un prototipo del negocio, un plan de actuación y ejecutarlo. El modelo de negocio se validará sólo si se producen las ventas en el volumen y la velocidad que se pronostique. Aquí, debe usarse toda la creatividad posible, pues la prueba debe ser lo más ajustada a la realidad que se pueda. Algunos dirán: “Para mi idea de negocio no es posible crear un prototipo”, eso creemos que es una excusa. Siempre hay una forma de crear un prototipo y venderlo.
En Estados Unidos, un empresario quería construir un spa para terapia con agua de mar. Difícilmente podría haber creado un prototipo del recinto… pero sí del modelo de negocio. Por lo tanto, invirtió en maquetas virtuales y contrató un espacio en un centro comercial. Se puso como meta inscribir a 1.000 socios, pidiéndoles una cuota de incorporación simbólica. El club necesitaba 200 socios para ser rentable, sabía que si inscribía a 1.000 lo más probable es que, una vez concretado el proyecto, sólo 500 respondieran pagando las cuotas. Si no había 1.000 inscritos el empresario devolvería las cuotas a quienes hubiesen pagado. Si había sobre 1.000 inscritos era evidente que se justificaban todas las inversiones. El principio es claro: economía de recursos, economía de esfuerzos y minimización de riesgos.
En el ejemplo anterior, ¿habría valido la pena hacer todos los trámites e inversiones sólo para darse cuenta que el plan de negocios no sirve? Cuando un modelo se valida a través de un prototipo, los trámites, la financiación y todos los recursos que falten serán mucho más fáciles de conseguir. Por eso, nunca se debe arriesgar lo que no se tiene sin haber probado la validez del modelo de negocio.
UK@W.: ¿Qué tipo de negocios nuevos son los que ofrecen mayores oportunidades ahora en América Latina?
H.H./D.B.: Definitivamente, los sectores turístico e inmobiliario son las estrellas que más brillarán en los próximos años. Hay gran espacio para la innovación y está llegando mucho capital para financiar esos proyectos. Salvo pequeñas excepciones, América Latina es un continente seguro para viajar, posee un patrimonio natural y cultural riquísimo que es tremendamente atractivo para europeos y asiáticos, que acaban de descubrirlo. En ese sentido, queda aún mucho por desarrollar, mucho campo para que los emprendedores creen nuevas propuestas. En el ámbito inmobiliario, éste también involucra al sector de la construcción, en donde se puede ver a cientos de nuevas empresas aportando nuevas tecnologías, materiales, procesos, diseños, conceptos, etc.
UK@W.: En su nuevo libro, ‘RE-Inventate’, que se acaba de editar ahora en España, defienden que la creatividad es la clave del éxito. ¿Puede reinventarse cualquier compañía o existen límites?
H.H./D.B.: Nuestro concepto de creatividad es un “método” para diseñar fórmulas que nos permitan lograr nuestros objetivos con los menores recursos, esfuerzos y riesgos posibles. Por esa razón, lo que llamamos innovación es la consecuencia de la creatividad, es la irrupción de una fórmula más eficiente que la que actualmente utilizamos. En ese sentido, no hay límite para reinventarse. Como decimos en el libro, todo dependerá de los propósitos que se tengan y la conciencia de las energías disponibles que se puedan utilizar.
Estamos convencidos que el concepto de “energía disponible”, que desarrollamos en nuestro libro La Guía del Emprendedor, es fundamental para comprender y realmente poner en práctica la creatividad. Pregúntese lo siguiente: ¿Cuánto vale 30 minutos de viento? Para muchos de nosotros, nada. Para la industria aeronáutica tendrá valor positivo si es viento de cola y valor negativo si es de nariz. Para la generación eléctrica, hoy también tiene un valor y, lo más probable, es que sigamos encontrando utilizaciones a una energía que está ahí y que sólo debemos aprender cómo canalizarla. La tesis de Re-invéntate es “descubra las energías disponibles que operan en usted, en su organización o en su entorno y canalícelas hacía sus propósitos.”
UK@W.: ¿Cuáles son las perspectivas de internacionalización de las firmas latinoamericanas en Europa y Estados Unidos?
H.H./D.B.: Creemos que, salvo honrosas excepciones, las firmas latinoamericanas “promedio” aún tienen mucho camino que recorrer para establecerse y ser exitosas en Europa y Estados Unidos, aun cuando hay un gran potencial de innovación y gestión, falta un cambio de visión, de dar vuelta el mapa. Una cosa es vender a través de comercio electrónico o exportar, y otra cosa absolutamente distinta es establecer operaciones en dichos territorios. Vemos poco probable, por ejemplo, que desembarque una firma latinoamericana de retail en Europa con tanto éxito como lo hizo la española Zara en todo nuestro continente. Las verdaderas perspectivas están en las alianzas entre actores con canales globales ya establecidos y “talentos” o modelos de negocio locales que sean factibles de internacionalizar.
UK@W.: ¿Consideran que los nacionalismos están ayudando o perjudicando la creación de empresas?
H.H./D.B.: Los nacionalismos son irrelevantes para el emprendedor. Las innovaciones se abren paso sin pedir permisos ni visas. La globalización de pequeñas firmas ya es un hecho que incluso debe tener nervioso a las autoridades de impuestos y a organismos reguladores de cada país, pues en el proceso se están quedando cada vez más atrás. En cuanto a los movimientos sociales que promueven el nacionalismo, difícilmente tendrán éxito al intentar frenar la integración cultural y comercial. Lo que sí es un hecho es que las barreras comerciales obviamente suponen mayores costes, que terminan pagando los consumidores. Pero como toda barrera artificial, terminarán cayendo por sí mismas.
UK@W.: ¿Cuáles son las principales ventajas competitivas de las firmas latinoamericanas respecto a sus competidoras extranjeras?
H.H./D.B.: Para ser francos, salvo el conocimiento del mercado y sus regulaciones, la cercanía psicográfica con los consumidores y su idiosincrasia, no existen muchas más ventajas competitivas que destacar. Relacionando esto con la pregunta anterior, creemos que cada vez somos menos ciudadanos de un país y más ciudadanos del mundo. En ese mismo sentido, en una de nuestras empresas trabajan profesionales de Argentina, España y México, a los que no conocemos personalmente, pero con quienes tenemos una relación muy estrecha. Por cierto, sus aportes hacen que nuestra empresa sea lo que es. La pregunta que nace de esto es ¿de qué país es una empresa? Creemos que para lo único que se puede responder a esta cuestión es para saber dónde debemos pagar impuestos.
– Si te gustó el artículo, deja una marca social (usando el botón “Compártelo” aquí abajo) y enseñaselo a otros como tu que estén buscando consejos para ganar dinero y gestionar su propio negocio. Todos te lo agradecerán, ¡No lo dudes! –
Steve Wozniak es conocido por haber sido uno de los fundadores, junto con su amigo de instituto Steve Jobs, de la empresa Apple. Pero lo que tal vez muchos no sepan es que la intención de Wozniak, al que familiarmente llaman “Woz”, no era crear una de las empresas de ordenadores más influyente del mundo. Su mayor ambición en la vida era hacerse ingeniero, trabajar para Hewlett Packard y así tener suficiente tiempo libre para enredar con aparatos electrónicos.
Ese deseo de diseñar aparatos electrónicos inteligentes era lo que estaba detrás de muchas de sus primeras invenciones. En 1971, mientras estudiaba en la Universidad de Berkeley, Wozniak leyó un artículo en Esquire Magazine sobre unos tipos que, de manera totalmente ilegal, exploraban la red telefónica. Fue así como Wozniak ideó como crear un dispositivo electrónico, llamado “blue box”, para generar los tonos necesarios para hacer llamadas telefónicas de larga distancia gratis. En 1973 creó la primera “línea telefónica de chistes” del área de la Bahía de San Francisco. Él mismo era el que contaba los chistes. Mientras trabajaba en Hewlett Packard, Wozniak siguió diseñando dispositivos electrónicos en su tiempo libre, y en 1975 creó el primer ordenador personal que utilizaba un teclado y mostraba los caracteres en la pantalla del televisor. Wozniak hacía demostraciones de su ordenador ante unos cuantos aficionados a la electrónica de Silicon Valley que se reunían bajo la insignia del Homebrew Computer Club. Demasiado tímido para presentar en público su trabajo, Wozniak solía mostrar informalmente sus logros en ingeniería durante las conversaciones que tenían lugar tras las reuniones.
Las primeras aventuras empresariales de Wozniak estuvieron muy vinculadas a las actividades de Steve Jobs, su amigo de instituto y actual consejero delegado de Apple. Fue Jobs, cuatro años menor que Wozniak, el que le propuso vender el “blue box” que había inventado entre los estudiantes de Berkeley. Cuando Jobs estaba trabajando en Atari convenció a Wozniak para que diseñase el videojuego Breakout (y tal y como se cuenta en la autobiografía de Wozniak, titulada iWoz, supuestamente Jobs le engañó sobre la cuantía a repartir). Y más importante, fue Jobs el que se dio cuenta de que, en lugar de compartir los bocetos de sus inventos para ordenadores ante una panda de aficionados a la electrónica, podían ensamblar los componentes en un panel de circuitos y vender el ordenador completo. Mike Markkula, ex ejecutivo de Intel, financió este proyecto, lo cual supuso el nacimiento de Apple Computer en 1976.
Aunque oficialmente siga siendo un empleado de Apple, hoy en día Wozniak apenas está involucrado en la marcha de la empresa. Después de salir malherido en un accidente mientras pilotaba su avión privado Beechcraft en 1981, Wozniak decidió volver a la Universidad de Berkeley para finalizar sus estudios de ingeniería eléctrica.
Durante los siguientes años Wozniak patrocinó dos conciertos de música al estilo Woodstock conocidos como US Festivals, dio clases de informática a estudiantes de enseñanza secundaria y dedicó parte de su tiempo y dinero a diversas actividades filantrópicas. En la actualidad le interesa el polo “Segway”, esto es, jugar al polo conduciendo un Segway (un sistema de transporte compacto y personal con auto-balance), en lugar de montar a caballo.
Wozniak fue galardonado en 1985 con la Medalla Nacional de Tecnología por el Presidente de Estados Unidos, en el año 2000 ingresó en el Hall de la Fama de los Inventores y en 2001 recibía el Premio Heinz en Tecnología, Economía y Empleo.
En 2006 Wozniak publicabaun librosobre su vida antes, durante y después de Apple titulado iWoz: From Computer Geek to Cult Icon: How I Invented the Personal Computer, Co-Founded Apple, and Had Fun Doing It(iWoz: De informático loco a icono de culto: Cómo inventé los ordenadores personales, fui fundador de Apple y me divertí haciéndolo).
La Revista de Wharton entrevista telefónicamente a un Wozniak de 57 años desde su casa de Los Gatos, California, para preguntarle sobre diversos temas, como la creación de Apple, su relación con Steve Jobs, su fascinación por las bromas o su próxima aparición en el programa televisivo de Kathy Griffin, “My Life on the D List”.A continuación se ofrece una versión editada de dicha entrevista.
Revista de Wharton: ¿Qué hizo que le interesasen las matemáticas y las ciencias?
Steve Wozniak: No recuerdo ningún hecho ni momento concreto. Quería ser como mi padre. Recuerdo ir a su trabajo, le veía unir cables y de repente empezaban a aparecer cosas en la pantalla.
Pero no estaba seguro de estar hecho para eso. Y luego, más o menos en tercero de enseñanza básica, mi madre practicó cálculo mental conmigo en la cocina. En la escuela teníamos una prueba de multiplicaciones: gané a las niñas. Recuerdo que el profesor dijo que eso era bastante extraño. Así que empecé a pensar “Oh! Soy bueno en matemáticas”.
Esa fue posiblemente la primera vez que recuerdo pensar “Hey! Hay algo en lo que soy bueno”.
Revista de Wharton: Al leer iWoz, uno no puede evitar tener la sensación de que Usted es un “emprendedor accidental” en lugar de alguien que decidió crear una empresa.
Wozniak: Tenía mucho talento para cierto tipo de diseño informático. Simplemente podía hacer cosas que otra gente no era capaz. Sabía que construiría un ordenador en cuanto fuese posible. Ese año (1975), fue el primer año en que fue posible.
En cuanto a poner en marcha una empresa, no. Yo estaba muy feliz con mi trabajo como ingeniero en Hewlett Packard. Podía haber sido ingeniero durante el resto de mi vida, tener suficiente dinero como para ser feliz y diseñar cosas en mi tiempo libre.
Esa fue la causa. Quería mostrar mis técnicas de diseño y ayudar al mundo a llegar a este gran momento revolucionario.
Revista de Wharton: Otra cosa que se puede percibir en su libro que Usted es más bien “el bromista”. ¿Qué es lo que le fascina tanto de las bromas y chistes?
Wozniak: No sé. Alguna gente va a los “clubs de la comedia”, otros ven comedias de situación y a otros les gustan las comedias. ¡Sencillamente te sientes bien cuando te ríes!
También me gusta la inteligencia. Es en cierto modo parecida a la creatividad.
Admiro a la gente que piensa en cosas poco habituales que a otras personas simplemente no se les habría siquiera pasado por la cabeza. Pero incluso cuando estás repitiendo un chiste que te han contado se puede hacer reír a la gente.
Crecí en un tiempo en que los chistes no tenían que preocuparse por ser “políticamente correctos”. Conté chistes de polacos en la primera línea telefónica de chistes del área de la Bahía de San Francisco.
Y luego en el mundo se empezaron a oir voces reclamando no criticar a gente de determinadas nacionalidades; no jugar con estereotipos. Y luego la cosa se recrudeció aún más, ya que ni siquiera se podía mencionar su nombre, aunque no los criticases.
Siempre he tenido la sensación de conseguir que la gente se ría suele contrarrestar todo lado negativo, esto es, el hecho de que una persona pueda sentirse ofendida, con razón o sin ella.
Revista de Wharton: Con semejantes cambios, ¿no es más difícil ser bromista ahora que en los años 70?
Wozniak: Sí, creo que sí. Muchas de mis viejas bromas y chistes están prohibidos en la actualidad en los colegios. Los colegios han implementado grandes cambios; ahora los niños no pueden hacer nada aleatoriamente, algo que se salga de las normas, de las páginas de los libros. No pueden ser individualistas.
En California los colegios disponen de muy poco dinero. Y cuando no tienen dinero necesitan muchos alumnos por aula y no hay suficientes profesores como para que los niños elijan la trayectoria individual que su naturaleza o Dios les dicte.
Si te imaginas algo que esté más allá de los límites actuales –como por ejemplo productos del futuro o viajes al espacio-, desde pequeño te dicen “Eso no está permitido”. Tienes que hacerlo en secreto por tí mismo.
Permitir cierto nivel de provocación en bromas y chistes –sin que lleguen a ofender a nadie-, podría ser una buena política.
Hice eso cuando impartí clases de informática a chicos adolescentes. Si conseguías que alguien se estimulase accediendo a su ordenador y escondiéndole cosas, eso estaba permitido (siempre y cuando se pudiesen recuperar fácilmente). Y en ocho años nunca desobedecieron esa norma.
Revista de Wharton: Da la sensación de que cree que se trata de algo más que pasar un buen rato. En términos de educación, Usted parece creer que este tipo de aprendizaje contribuye a que la gente sea creativa y tenga capacidad de invención.
Wozniak: Exactamente. El humor está muy relacionado con la capacidad para crear e inventar con la que nacimos. Se trata del espíritu para pensar algo diferente, para inventarte tus propios chistes.
Revista de Wharton: Refiriéndose a Steve Jobs y a Usted, en su libro menciona que “siempre hemos sido gente diferente… desde el principio”. ¿Por qué lo cree así?
Wozniak: Éramos muy parecidos en muchas cosas, como por ejemplo los valores que compartíamos cuando íbamos juntos al instituto. Ambos estábamos más bien inclinados hacia la contracultura. Steve formaba parte de ella y yo más bien seguía la corriente dominante, con los pies en el suelo, sin tomar drogas y todo eso.
Steve y yo nos emocionábamos hablando de las futuras posibilidades tecnológicas.
Yo era más bromista; era el diseñador experto. Pero teníamos intereses comunes. Fuimos amigos durante ocho años antes de crear Apple.
Después de crear Apple fue cuando definimos nuestros papeles.
El papel de Steve era aprender cómo dirigir cada aspecto de una empresa, ser un ejecutivo en cada nivel de la misma. Yo ya había llegado a un momento de mi vida en que no quería dirigir una empresa porque no quería tener que dar órdenes, actuar con superioridad ante los demás, decirles que lo que habían hecho no valía para nada. Así que dije: Yo me voy a centrar en mi ingeniería y lo haré tan bien como se pueda. No me introduciré en el territorio de otros.
Cada uno se ocupó de un ámbito de la empresa. Y desde entonces trabajamos en cosas completamente diferentes.
Steve hizo un trabajo excelente al fusionar el marketing, las operaciones y la tecnología. Supo ver qué tecnología era buena y qué le iba a gustar a la gente.
Fue una situación extraña. Steve no era capaz de diseñar un ordenador –nunca ha sido programador o diseñador-, pero sabía lo suficiente como para comprender qué era bueno y qué era malo.
Creo que eso fue más importante; disponer de una mente que supiese unir las piezas del puzzle. En lo que a mí respecta, yo sólo sabía hacer muy bien una de esas piezas.
Revista de Wharton: Entonces se complementan muy bien…
Wozniak: Si, yo creo que con la familia y los amigos es mucho mejor si se comparten valores y personalidad. En nuestro caso, Steve y yo siempre hemos tenido valores muy similares pero personalidades diferentes.
En una empresa, hay tantas cosas que tienen que encajar que es muy difícil que una sola persona sea capaz de hacerlo. Si en lo más alto de la pirámide hay una persona que es muy reflexiva y pensadora, en ese caso una sola mente será capaz de concebir cómo funciona la empresa.
Steve tenía ese espíritu: “Estamos haciendo algo nuevo. Vamos a hacer algo estupendo”. Steve tenía empuje suficiente para hacer todo, desde la publicidad hasta encontrar la última pieza que quedaba en el mundo cuando la necesitábamos desesperadamente o acudir a las tiendas y convencerlos para que vendiesen nuestros ordenadores. En eso era excelente.
Revista de Wharton: Si mira hacia atrás, ¿cómo piensa que sería su vida si nunca hubiese conocido a Steve Jobs?
Wozniak: Creo que yo habría sido tan feliz como soy ahora mismo y habría tenido grandes amigos y las cosas que adoro de la vida.
No se si alguna vez habría tenido el dinero suficiente para comprar una casa. Teníamos veintitantos años cuando creamos Apple. No teníamos cuenta de ahorro. No teníamos coche. No ganábamos el dinero necesario para comprarnos una casa en California. No teníamos ninguna experiencia en el mundo de los negocios. Si tenía algo de dinero me compraba algunos componentes electrónicos y fabricaba algo.
La empresa para la que trabajaba, Hewlett Packard, era una parte importante de mi vida por aquél entonces. Sus valores eran estupendos; respetaban mucho la ingeniería. Quería trabajar allí para siempre. Con el paso del tiempo Hewlett Packard ha cambiado. Ahora ya no fabrica productos de alta calidad para que los utilicen otros ingenieros.
Así que posiblemente habría tenido mis más y mis menos. Pero era tan bueno con los productos electrónicos que siempre habría tenido un puesto de trabajo.
Revista de Wharton: ¿Cómo cree que habría sido la vida de Steve Jobs si no le hubiese conocido?
Wozniak: Es difícil de adivinar.
Steve tenía mucha capacidad de organización y el empuje necesario para crear una empresa. Si nunca me hubiese conocido posiblemente lo habría hecho con el producto de otra persona.
Tal vez habría acabado exactamente donde está ahora mismo: un alto hombre de negocios muy rico que crea productos estupendos. Steve desea que el mundo avance, no ser otra empresa más que hace lo de siempre con el objeto de ganar dinero.
Eso era exactamente lo que quería el día que le conocí cuando íbamos al instituto. Admiraba a ese tipo de personas … los Newtons … los Shakespeares… Steve creía que había muy pocas personas que realmente habían conseguido cambiar nuestras vidas. Obviamente él quería ser una de esas personas.
En cuanto a mí… yo quería crear productos técnicos interesantes y escribir buenos programas.
Yo sufrí más interrupciones que Steve. En otras palabras, el éxito de Apple, la publicidad y toda la fama hizo prácticamente imposible que tuviese tiempo para trabajar en el garaje de mi casa creando cosas.
Revista de Wharton: Antes mencionó que, al principio, una de las ideas que más circulaba entre los miembros del Homebrew Computer Club, al cual pertenecía, era cómo los ordenadores podían beneficiar a la humanidad. ¿Cuáles han sido esos beneficios?
Wozniak: Los ordenadores han beneficiado a la humanidad 10 veces más que lo que nunca habíamos llegado a imaginar.
Éramos solitarios. Éramos gente que sabía de tecnología pero no tenía dinero. No nos imaginábamos tener o incluso utilizar un ordenador.
Vimos que se empezaban a fabricar componentes de silicona que iban a hacer posible la fabricación de ordenadores a un precio accesible para gente como nosotros. Los que sabíamos programar un ordenador escribirían los programas y resolverían los problemas que las empresas no podían resolver en sus enormes ordenadores. Y conseguiríamos cambiar el mundo más que los consejeros delegados.
Todo esto es muy estimulante.
Cuando estábamos creando todas estas cosas no sabíamos a ciencia cierta si iba a ocurrir, si era posible. Ahora todo está en un ordenador. En todos los despachos de cualquier empresa hay un ordenador.
Para el entretenimiento tenemos todas nuestras películas y música en el ordenador. ¿Quién iba a pensar que se escucharía música a través del ordenador cuando empezamos en el Homebrew Computer Club? El entretenimiento es una parte muy significativa de nuestras vidas que los ordenadores también han incorporado.
Y también las comunicaciones, desde los mensajes instantáneos al correo electrónico o los video chats.
La fusión entre el ordenador y el teléfono móvil abre posibilidades increíbles. En aquellos tiempos no había móviles. Cuando creamos Apple, en Estados Unidos ni siquiera podías ser legalmente dueño de tu propio teléfono.
Es muy difícil pensar en el futuro lejano y acertar.
Revista de Wharton: ¿Existe algún ámbito en el que crea que no se ha progresado lo suficiente? ¿Hay cosas que los ordenadores podrían hacer por nosotros pero la tecnología simplemente aún no ha avanzado lo suficiente?
Wozniak: Sí. Seguimos hablando de inteligencia artificial. “Los ordenadores van a ser como un cerebro pensante. Van a ser más potentes que nuestro cerebro”. Eso no ha ocurrido.
Las imágenes parecen reales y la calidad de la voz es tal que parece una voz humana. En este sentido los ordenadores se han vuelto más humanos, pero aún distan mucho para ser realmente humanos.
Un ser humano te mira a la cara, se da cuenta de tu estado de ánimo. Sabe qué palabras pronunciar, cuando hay que hablar. Tiene ideas para llevar la conversación en diferentes direcciones.
En una escala de cero a cien, la inteligencia artificial aún no ha alcanzado siquiera un punto a la hora de representar a una persona real que ha vivido la vida, sabe quién eres y quiere preguntarte sobre tu familia.
Creo que aún tenemos mucho, mucho por ver. En el Homebrew Computer Club nos imaginábamos que los ordenadores iban a tener la inteligencia y también el comportamiento de los seres humanos.
Revista de Wharton: ¿Alguna idea sobre cuándo llegará ese momento?
Wozniak: No creo que ese día vaya a llegar.
De vez en cuando utilizo el siguiente ejemplo: ¿Se podría construir un robot que te hiciese un café?
Al principio la gente suele decir “Eso parece sencillo”, pero la respuesta es: Eso nunca va a ocurrir.
Si alguien va a mi casa, sería capaz de hacerse un café. Y yo podría ir a su casa y también podría hacer un café. Pensemos en todos los pasos que un ordenador tendría que analizar: caminar hasta la casa, averiguar dónde está la cocina, si hay cafetera, averiguar cómo funciona. Nosotros sabríamos abrir un cajón y buscar un filtro porque hemos utilizado antes una cafetera. Hemos tenido una vida humana.
¿Puede un ordenador crear arte? Se podrían diseñar programas para escribir música que suene más o menos bien, que empleen las notas y escalas adecuadas, pero no sería arte, ya que es necesario ser capaz de juzgarlo. ¿Cómo podría un ordenador juzgar el arte, incluso un cuadro, si nunca ha sentido sobre la piel la brisa de la playa?
Prácticamente habría que tener un robot que fuese creciendo. Tal vez podía vivir su vida un poco más rápido que los humanos. Pero tendría que experimentar muchos de los pasos que nosotros vamos dando para tener la misma sensación sobre qué es importante en el mundo.
Revista de Wharton: En su libro dice: “La medida más importante de una persona es la verdad”.
Wozniak: Aún lo sigo creyendo. Ha sido uno de los principios básicos de mi vida, de mi personalidad.
Revista de Wharton: En su libro también recuerda que, cuando desarrolló el videojuego Breakout para el ordenador Atari, Steve Jobs lo vendió y le dijo que había conseguido 700 dólares que se repartieron al 50%. Pero en realidad le habían pagado unos cuantos miles de dólares. Aunque en retrospectiva el dinero resulta irrelevante, ¿qué opina desde el punto de vista ético sobre esto?
Wozniak: Sí, el dinero es irrelevante, y por aquél entonces también lo era. Lo hubiese hecho gratis. Era feliz al poder diseñar un videojuego con el que la gente realmente jugase.
Creo que Steve necesitaba dinero y simplemente no me dijo la verdad. Si me hubiese dicho la verdad, se lo habría dado gustosamente.
Me debería haber conocido lo suficiente como para acudir a mí y decirme que necesitaba dinero. Habría sido algo extraño, yo haciendo todo el diseño y él quedándose con todo el dinero. Lo habría hecho. Era un amigo. A los amigos se les ayuda.
Es comprensible. Es un hecho insignificante.
Si juzgas a Steve como persona –sus enormes aportaciones al mundo versus ciertas carencias en cuanto a honestidad personal con otras personas o en casos en los que falta al respeto a personas que han trabajado muy duro, cuando les dice “eso es una mierda” o cosas parecidas-, su lado negativo queda contrarrestado por todo el bien que hace al mundo.
A veces podemos ver el futuro, como por ejemplo que la señal de televisión va a llegar a través de Internet, así como todo el entretenimiento, las llamadas telefónicas o la música. Las salas de cine incluso podrían desaparecer algún día reemplazadas por Internet.
¿Cómo podemos llegar hasta ahí? Es muy difícil intentar cambiar el mundo, en especial cuando existen intereses económicos.
Steve ha hecho muchas cosas buenas, como por ejemplo en el ámbito de la música. No creamos simplemente un aparato musical llamado iPod; creamos todo un sistema musical: una tienda que los vende, un ordenador que lo gestiona y organiza. Y un iPod es simplemente un satélite de tu ordenador. Lo conectas al ordenador y funciona. No hay que hacer nada más.
Hay que admirar a Steve por esa forma de pensar.
Nadie es perfecto. Todo el mundo en alguna ocasión ha hecho o dicho algo malo a alguien, de lo después se arrepiente.
Revista de Wharton: Después de abandonar Apple como trabajador a tiempo completo, empezó a dar clases de informática a tiempo parcial a estudiantes de quinto curso. En cierta ocasión declaró que había sido la época más importante de su vida. ¿Es cierto?
Wozniak: Fue una época estupenda para mí por diversos motivos. Había realizado muchas actividades filantrópicas en San José. Me sentía bien donando dinero para que se pusiesen en marcha museos como el Children’s Discovery Museum o el Tech Museum de Silicon Valley, o compañías de ballet.
Toda mi vida quise enseñar. Decidí poner en marcha una clase invitando a unos cuantos niños por teléfono. Tan sólo tenía seis alumnos.
Luego pasé a tener 22 y más adelante tuve varias clases de 20 y 30 alumnos. Disfruté mucho. Estaba compartiendo con los niños algo en lo que yo era bueno y les estaba ayudando a hacer mejor sus deberes.
En ningún momento pretendí que acabasen dedicándose a la informática. Me dije: tengo que ser capaz de llegar a todos los alumnos de la clase, no sólo a los cuatro locos interesados en la informática. Quiero llegar a todos.
Así pues, enseñé a los niños a mejorar el aspecto de sus deberes. Si tenían que hacer un trabajo les sugería “Hagamos el trabajo en el ordenador. Ahora te voy a enseñar cómo elegir la fuente adecuada y hacer que tenga muy buena presencia”. Si tenían que escribir un trabajo de Historia, les decía “Hagamos una línea del tiempo utilizando el programa para dibujar”. O “Hagamos en una hoja de cálculo algunos cuadros con datos que estéis analizando”.
Yo cogía cosas reales que tenían que hacer en el colegio y, una vez finalizadas las clases, trabajábamos en ello en mis clases de informática.
Revista de Wharton: Además de ser uno de los principales accionistas, ¿aún sigue oficialmente siendo un trabajador de Apple?
Wozniak: Sí, tengo un gran sentimiento de lealtad hacia la empresa. Quiero seguir siendo un empleado de la misma para siempre.
Revista de Wharton: En estos momentos ¿cuál es su grado de involucración en la empresa?
Wozniak: No estoy en activo. Hay momentos en los que desearía estarlo. Presto atención a los productos que salen.
Si todavía estuviese en activo creo que interferiría con el control de la gestión de Steve Jobs. Causaría cierta confusión.
Pero estoy abierto a la idea si surge la ocasión.
Durante este tiempo en que no he estado en la empresa, mi vida ha tomado otras direcciones. He tenido mis clases y también unas cuantas empresas de reciente creación.
Disfruto de veras trabajando con jóvenes ingenieros e intentando poner en marcha una empresa.
Ahora mismo estoy a punto de participar en un gran proyecto educativo con una empresa que está vendiendo software y hardware de temas de educación. Me gustaría llevarlo al próximo nivel y pensar sobre ello: ¿Qué tipo de herramientas necesitaríamos para que la educación fuese mejor?
Tengo muchas ideas en temas de educación… qué está mal y dónde falla.
Revista de Wharton: Cuéntenos algunas de esas ideas.
Wozniak: La educación abarca tantas cosas que la solución no es sencilla ni única. Las soluciones llegarán en un futuro muy lejano.
Nosotros, los que nos dedicamos a la tecnología, podemos solucionar cómo conseguir más educación a menor precio. Es un tema importante. La cantidad de dinero que se dedica a educación siempre va a ser demasiado pequeña.
El gobierno tiene cierta cantidad de dinero que debe dedicar a un montón de cosas. Y piensas “Tendrán que determinar las prioridades: Qué porcentaje debería ir a educación, qué porcentaje al ejército, qué porcentaje a bosques, qué porcentaje a carreteras…”..
Pero esos porcentajes suelen coincidir con el número de votos existente. Hay un ligero problema en Estados Unidos: una familia de cinco miembros no tiene más votos que una familia de dos miembros. Así pues, las familias con niños, para las cuales la educación es una prioridad, no cuentan con un número de votos proporcional al tamaño de la familia. Los niños no están incluidos en los votos ni en el dinero para educación, y es algo que simplemente está al revés.
Todo agricultor vota para que se aprueben o deroguen determinadas legislaciones agrarias. Todo anciano vota teniendo en cuenta cuál sea el tratamiento de los temas de la tercer edad. La educación es un problema porque tus hijos no tienen derecho a votar.
Revista de Wharton: Hace un rato comentaba que a veces desearía estar más presente en Apple.
Wozniak: Sería estupendo observar las tecnologías que no son muy conocidas e intentar decidir cuál podríamos transformar en un producto de éxito y a qué precio.
Es difícil afirmar que Apple ocupa, en este sentido, el mismo lugar que solía tener. A menudo Apple intenta averiguar cómo insertar cosas en determinado espacio, preocupándose sobre todo en el estilo.
Me influyó mucho cuando nuestros ordenadores Macintosh y Lisa adoptaron ese nuevo mundo de ratones y menús y ventanas. En aquellos momentos por todos lados circulaba la frase “es intuitivo”. Los ordenadores han ido adaptándose a los seres humanos y a sus necesidades.
Ahora creo que hemos dado un paso atrás. Los ordenadores siguen siendo funcionales, pero parece como si no los hubiésemos inventado nosotros. Somos más bien esclavos de los ordenadores.
Se supone que los ordenadores funcionan del modo en que tú pensaste inicialmente. Los seres humanos deberían ser más importantes que la tecnología. No existen incentivos para empresas como Microsoft o Apple para hacer cosas realmente buenas. Apple y Microsoft no van a vender una unidad adicional de software o hardware si pasan de ser adecuados a ser excelentes.
Revista de Wharton: Sorprende escucharle diciendo eso porque mucha gente sostendría que la elegancia y la facilidad de uso han sido factores diferenciadores en Apple. Parece sugerir que no cree que se haya avanzado mucho en este tema.
Wozniak: En la década de los 80 hicimos mucho en relación a este tema. Teníamos “guías interface de usuario” que los programadores supuestamente debían seguir para que los programas se pareciesen y funcionasen como otros programas para que así los usuarios no tuviesen que aprenderlos de nuevo.
Cogimos a gente y la pusimos en habitaciones vacías con algo que ni siguiera sabían que era un ordenador –una pantalla y un ratón y un teclado-, y les decíamos “intenta averiguar qué cosas puedes hacer con esto”. No se les indicaba qué tenían que hacer. No eran expertos en informática. Tenían que averiguarlo.
Después nosotros observábamos a través de un espejo opaco qué cosas funcionaban y qué cosas no, qué parecía ser natural para los seres humanos. En eso consiste la intuición.
Revista de Wharton: En el libro comenta que cuando Steve Jobs volvió a Apple en los 90, con él se recuperó algo de la pasión y el compromiso que la empresa necesitaba.
Wozniak: Sí, porque nuestro activo más valioso siempre ha sido nuestra leal base de clientes. Y estaban echando de menos algo en los productos que antes sí existía. Cuando se reincorporó, introdujo el iMac, aunque ya estaba en fase de desarrollo antes de su vuelta.
Apple tenía enormes problemas con productos que lograban filtrarse al mercado seis meses antes. Cuando los lanzábamos ya no eran ninguna novedad. Y Steve estableció unas pautas a seguir muy estrictas. “Hablas con los medios y estás despedido”.
Me alegraba que Apple se volviera más estricta. Eso forma parte del espíritu que consigue despertar pasiones; que un nuevo producto salga al mercado y parezca una novedad.
Revista de Wharton: ¿Ha pensado cómo podría ser Apple cuando Jobs deje de ser consejero delegado? Como accionista, ¿está preocupado por esa aparente falta de planes de sucesión?
Wozniak: Es algo que me preocupa. Pero Apple tiene una gran ventaja que ninguna otra empresa tiene: una historia, una cultura, muchos usuarios que piensan de determinado modo.
Así pues, sea quien sea la persona o personas que sustituyan a Steve Jobs, si sus valores no son similares, habrá bastantes quejas y grandes cambios; se intentará encontrar a alguien que trabaje con un estilo parecido al de Steve Jobs.
Se puede ganar o perder. He visto como el sector cinematográfico fichaba a personas que simplemente eran extraordinarias haciendo determinado tipo de películas. Pero las contrataban y al final sólo estaban interesadas en ganar dinero. No trajeron consigo la magia que tenían antes. Cuando empiezan a concederse a sí mismos salarios de 10 millones de dólares y ese tipo de cosas, no se pueden esperar grandes obras de arte.
Revista de Wharton: Ha hablado de la importancia de la base de usuarios y su compromiso con la empresa. Mucha gente adora a Apple de un modo que es único entre las empresas tecnológicas. ¿Deberían otras empresas aprender alguna lección de este hecho?
Wozniak: La gente que tiene ordenador personal simplemente habla de cómo utilizarlos. Los que tienen un Apple lo adoran.
También hemos tenido que librar algunas duras batallas para salvar nuestras vidas. Los responsables de educación llegaban y decían “Tenemos que sustituir todos los Macintosh por ordenadores personales porque son más baratos y además Apple tal vez acabe desapareciendo”.
Tuvimos que luchar para sobrevivir. Y eso te hace ser tremendamente apasionado.
El estilo del aparato, el modo en que aparecen los menús, dónde están, la ubicación de las cosas en la pantalla, cómo aparecen las ventanas… todas estas cosas han ido cambiando en los Macintosh, pero han cambiado gradualmente. Así pues, tenemos la sensación de estar en el mismo mundo en que siempre hemos estado. Pero si retrocedieses en el tiempo dirías “Dios mío, me acuerdo cuando se hacía de ese modo”. Aún sigue haciendo lo mismo, pero ahora lo hace de un modo diferente”.
Ahora tenemos ese club que a mí me parece un poco excesivo. No me gusta el culto que le rodea.
Revista de Wharton: ¿Cree que es mejor que la gente sea crítica, incluso aunque sean fans?
Wozniak: Creo que deberían ser críticos y reconocer los buenos valores de Apple. Deberíamos acercarnos más a dichos valores. Y cuando nos alejamos, no deberían decir “Oh! Es Apple”, así que están haciendo lo correcto. No. “Es Apple pero se están olvidando de algo”.
Revista de Wharton: Una de las cosas que Usted ha dicho en el libro y que a alguna gente puede resultarle algo sorprendente es: “En cierto sentido, Apple es la maldición de mi vida”. ¿Qué quiso decir con esto?
Wozniak: A cualquier sitio que vaya, todo el mundo se me acerca y me dice: “Oh! Usted creó Apple” y reclaman mi atención. Yo soy un tipo agradable, les hablo y paso un rato con ellos.
Ayer fui a un restaurante y me encontré con tres jóvenes que acababan de terminar el instituto y que querían crear una empresa. Tienen una idea … y de hecho es una buena idea. Les voy a dedicar mi tiempo y aconsejarles tan bien como pueda. Llamaré a algunos amigos para que les ayuden.
Eso es una parte importante de mi vida. Me gusta ayudar, pero absorbe gran parte de mi tiempo.
El correo electrónico es lo que realmente me ha atrapado. Tenía mucho tiempo libre. En cierto modo estaba jubilado. Y ahora con el correo electrónico estoy delante del ordenador todo el día simplemente intentando estar al día con las noticias que me llegan por correo. Los analistas tecnológicos me envían un montón de cosas, y luego están los amigos y los fans.
Siempre he tenido esta filosofía de ser accesible. Así que a todas horas recibo llamadas y correos electrónicos de la gente. Y me resulta imposible atender a todos.
Es horrible. A veces cuando me dispongo a responder los correos electrónicos de mis hijos ¡ya ha pasado un mes desde que los recibí!.
Revista de Wharton: Hablando de atenciones. Usted es famoso por ser una persona tímida. ¿Vamos a poder ver más imágenes de su vida personal en la próxima temporada del programa de Kathy Griffin “My Life on the D List”?
Wozniak: Eso es cierto, siempre he sido una persona tímida aunque en la actualidad no me definiría como tímido.
Con Kathy … ella empezó con las bromas. Le seguí inmediatamente, ya que me encantan las bromas y los chistes. Después de haberla conocido la admiro enormemente. Es tan inteligente, piensa tan rápido… me encantaría poder pensar tan rápido como ella.
Voy a aparecer de nuevo en el programa “D List”. Voy a acudir con ella a los premios Producer’s Guild y nos estarán grabando cuando la vaya a recoger y le dé un regalo. En abril o mayo también vamos a ser rey y reina del Fur Ball organizado por la Humane Society de Silicon Valley, y eso va a emitirse en el programa “D List”.
Me gustaría hacer un episodio de “D List” en el que Kathy venga a una de mis conferencias para que se hagan una idea de las cosas por las que tengo que pasar. Mucha gente se acerca a mí y me dice: “Gracias, gracias”. Bueno, me están dando las gracias por cosas creadas mucho más tarde. Simplemente me dan las gracias porque se sienten bien con Apple.
Me tratan como si fuese Henry Ford. Es como si viésemos a Henry Ford y le dijésemos “Oh! Gracias por lo que hizo. Adoro mi coche”. En realidad no tiene nada que ver con tu coche, pero lo puedo comprender.
Y espero que en el programa aparezcan algunos de mis chistes. Algunos son buenos, pero ponen límites a lo que se puede y no se puede hacer.
Kathy no fue muy receptiva cuando la invité a los Emmys y le llevé algunos de mis artilugios de broma preferidos, como un enorme taco de billetes de dos dólares que puedes ir arrancando uno a uno como si de sellos se tratase.
También una gran caja Tiffany. Kathy la abrió y se encontró sucesivas cajas Tiffany de menor tamaño. En la última caja había un anillo de goma de 1 dólar que al presionarlo salían destellos.
Pero nos llevamos muy bien. Hemos tenido grandes experiencias con la vida que nos ha tocado vivir y sabemos cómo son las cosas cuando eres en cierto sentido “famoso” y necesitas asistentes para que gestionen una gran parte de tu vida.
En ese sentido, Kathy es la primera persona a la que conozco que tiene una posición similar a la mía.
Revista de Wharton: Entre todos los logros que ha alcanzado hasta el momento en la vida ¿de qué se siente más orgulloso?
Wozniak: La línea telefónica de chistes es respuesta que suelo dar a dicha pregunta. Pero en realidad es el ordenador Apple II. Sin él, en el desarrollo de los ordenadores personales las cosas habrían ido hacia otra dirección y más despacio.
Personalmente contribuí con un montón de ideas estupendas. Así que me quedo con el Apple II.
Revista de Wharton: ¿Hay algo que aún no haya logrado en su vida y que aún espera alcanzar?
Wozniak: No he tenido nietos. No estoy casado; estoy divorciado. ¿Moriré sin que haya alguien más en mi vida?
Técnicamente desearía poder hacer alguna contribución en el ámbito de la inteligencia artificial sobre la que hablé antes. Me encantaría aplicarla a la educación; hacer que el ordenador sea un tipo diferente de profesor. Cambiar el paradigma de los colegios; vas al colegio y puedes ir a un ritmo totalmente diferente al del resto de estudiantes pero al mismo tiempo puedes seguir con tus amigos en el mismo aula. No te separan de los alumnos de tu edad, pero tal vez estén haciendo cosas más avanzadas porque fueron más rápido con su profesor individual: el ordenador.
Revista de Wharton: En retrospectiva ¿hay alguna cosa que desearía que Apple hubiese hecho de otro modo?
Wozniak: No me gusta mirar hacia atrás. Hubo un tiempo en que hubiese deseado que Apple hiciese las cosas diferentes en relación con las licencias de nuestro sistema operativo.
Nuestra verdadera joya de la corona era el sistema operativo. Esa era la fuente de todos nuestros beneficios. Y mi opinión era que conseguiríamos los mismos beneficios y sin tener que hacer el trabajo duro de construir fábricas, gestionar inventarios, comprar componentes y eliminando ordenadores que están mañ.
Pero no me gusta mirar al pasado porque nadie puede saber si Apple habría estado mejor o peor si se hubiese hecho. Tal vez habría sido un Microsoft, habría tenido una mayor cuota de mercado o habría sido una empresa mayor. Pero tal vez no habría sido una empresa tan buena como lo es en la actualidad.
¿Necesitamos otra Microsoft tanto como necesitamos lo que significa Apple?
Revista de Wharton: Además de Apple, ¿hay otras empresas a las que admire?
Wozniak: Admiraba a Hewlett Packard cuando trabajaba allí. Podías hablar con cualquier persona del equipo directivo, independientemente del puesto que ocupase en la pirámide jerárquica. Podías hablar con los dueños de la empresa, Bill Hewlett y Dave Packard, en cualquier momento.
Intento seguir su ejemplo.
En algunas ocasiones, incluso en empresas como Apple, tu jefe no permite que el vicepresidente se diriga directamente a tí. “Tiene que pasar por mí primero”. Ese tipo de cosas.
Algunas veces sentí admiración por algunas empresas europeas por sus bellos productos; destacaría en particular a Bang & Oulfsen.
Otra empresa que creo que es buena es Mercedes-Benz. Yo conduzco un Prius, pero tengo un Mercedes-Benz y cuando me siento en él percibo que diseñaron el coche alrededor de mí, el ser humano. Yo soy el centro del mundo y todo está muy bien pensado. Cuando doy al coche alguna orden verbal preestablecida, funciona. Me meto en mi Prius y tiene todos los dispositivos electrónicos que te puedas imaginar pero nunca puedes encontrar el camino. Es como si la tecnología fuese más importante que la persona. Presionas el botón hacia delante para ir hacia atrás y hacia atrás para ir hacia delante… ese tipo de cosas.
Así que admiro la empresa Mercedes-Benz; siempre la he admirado.
Tampoco puedo decir que no admire a Microsoft. Tienen una tarea enormemente importante; es imposible satisfacer a tanta gente. Sin embargo son capaces de gestionar ese negocio a nivel mundial.
Hay muchos países en los que Apple no tiene por qué -ni puede- introducirse. Si no tienes una tarea tan titánica es mucho más fácil tener una mejor imagen.
Creo que los Macintosh y los modelos anteriores de Apple son mejores. Normalmente lo único que se escucha sobre los ordenadores personales es: Bueno, son más baratos. Eso también beneficia a la gente.
Pero Microsoft siempre ha buscado tecnología que pueda ayudar a la gente, y hace cosas a costes muy razonables. Así que no creo que sea una empresa tan horrible como mucha gente quiere hacerla parecer.
– Si te gustó el artículo, deja una marca social (usando el botón “Compártelo” aquí abajo) y enseñaselo a otros como tu que estén buscando consejos para ganar dinero y gestionar su propio negocio. Todos te lo agradecerán, ¡No lo dudes! –
Mi nombre es Diego Katzman, MBA especializado en medios, nuevas tecnologías, marketing, y estrategia online y web 2.0. Mi trabajo como mentor de negocios y consultor de empresas ha ayudado a cientos de personas a lograr sus sueños de riqueza y libertad financiera y personal. -- DrNegocios.com tiene una única misión: proporcionarte información filtrada sobre las mejores posibilidades, ideas y tendencias de negocio para que tu fortuna personal aumente exponencialmente cada vez que nos leas (y apliques mis consejos).
Si quieres saber más sobre mi, puedes ver mi perfil personal en Facebook, o en Linkedin.